LA POLIOMIELITIS

La polio era una enfermedad que no se sabía como prevenirla ni curarla, atacaba a todos por igual, era una emergencia de Salud Pública. Esta enfermedad que provoca parálisis respiratoria y espinal, causó en el año 1952, en Estados Unidos, la cifra récord de 57.628 casos y más de 3.000 muertes. La amenaza anual de nuevos brotes provocó cambios en la sociedad, como, por ejemplo, se dejaron de utilizar las piletas públicas. En Argentina, la epidemia de poliomielitis de 1955 y 1956, afecto a alrededor de 6.500 niños, de los cuales murieron 700. Los pacientes, en los que la infección derivaba en parálisis respiratoria, para poder respirar, quedaban dentro de grandes respiradores metálicos, los pulmotores, llamados “ pulmones de acero”, donde podían permanecer en su interior, del cuello para abajo, durante días, meses o años. Todos conocían los síntomas de la enfermedad, los pacientes seguían siendo contagiosos, la única protección que tenían los doctores y enfermeras, era el lavado riguroso de manos. La mayoría de los afectados, eran niños, pero nadie estaba a salvo. Franklin D. Rossevelt, futuro presidente de Estados Unidos la contrajo a los 39 años, quedando por el resto de su vida paralizado. En 1938, ya presidente, fundó la March of Dimes, una organización benéfica para luchar contra la polio. La polio entraba en el torrente sanguíneo a través del intestino, esto fue demostrado a fines de la década de 1940. Surgen dos investigadores en busca de la vacuna, lo hacen por caminos distintos, uno de ellos Jonas Salk creía que debía ser un virus completamente inactivado, mientras que Albert Sabin sostenía que debía ser un virus atenuado. El Dr. Sabin, ya había dedicado dos décadas a estudiar el virus de la polio y creía en avanzar con lentitud y cautela, según cuenta David M. Oshinsky, en su libro Polio an American Story, realizaba descubrimientos uno a uno. Salk, que ya había desarrollado una exitosa vacuna contra la gripe para las tropas durante la Segunda Guerra Mundial, trabajaba a ritmo acelerado, con la velocidad y el enfoque de una compañía farmacéutica. Un estilo que no coincidía con las ideas tradicionales sobre como debía trabajar un científico. También influyó en su trabajo, el apoyo que le daba la organización March of Dimes, que quería avances y le permitió instalar su laboratorio en un hospital de Pittsburg con pacientes de polio. Otras investigaciones realizadas por décadas por otros científicos prepararon el camino. Cuando Salk, en 1948, comenzó su trabajo se había logrado recientemente cultivar el virus e identificado los tres tipos principales del poliovirus. En el año 1982, Salk dice en un reportaje a la BBC: “Entre 1951 y 1952 estábamos listos para inmunizar a los niños. En 1953, los indicios eran claros; en 1954 se llevó a cabo el ensayo de campo y, 1955, la vacuna estuvo disponible para su uso general”. Cuando se le pregunta, si la información que decía que se había vacunado a sí mismo y a su familia era cierta, dijo: “Por supuesto. Eso es algo rutinario si se tiene la suficiente confianza y seguridad”. Para tener la certeza de la eficacia de la vacuna, se realizó, en abril de 1954, el experimento médico más grande de la historia, con la cooperación de más de 50.000 maestros en todo Estados Unidos para inmunizar a casi 2.000.000 de niños. Luego de un año de auditar los resultados, el 12 de abril de 1955, se confirmó la noticia tan esperada. En el trascurso de ese año el número de casos descendió de 60.000 a 2.000 tras utilizar la vacuna. En la década siguiente la polio quedó erradicada en Estados Unidos. La Argentina, realiza la primera campaña de vacunación masiva a partir de septiembre de 1963, y un año después pudo declarar que era un país “libre de poliomielitis”. Se utilizó la vacuna de Sabin, creada a partir de virus vivos y que se administraba por vía oral. Cambio todo, porque además de ser altamente eficaz, la forma fácil de administrarla facilitó enormemente las campañas. Ni Sabin ni Salk patentaron sus vacunas, para mantener bajos sus costos. Salk dijo al respecto: “No hay patente. ¿Se puede patentar el sol?”. Dijo Sabin: “Mucha gente insistió en que debía patentar la vacuna, pero yo no quise hacerlo. Es mi regalo para todos los niños del mundo”. Fuente: Internet/ Blanca M. Fernandez

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