EL GIGANTE PERDIDO DE SUDAMÉRICA: LA HISTORIA DEL NOTIOMASTODON

La noticia del hallazgo de un gran colmillo de Notiomastodon en la localidad de Centinela del Mar recorrió el mundo y sorprendió a muchos por el hecho de descubrir que estos gigantescos animales caminaban por nuestros paisajes hace más de 100.000 años. El hallazgo fue realizado por el investigador Marcos Cenizo y se pudo extraer gracias al trabajo del equipo técnico y a voluntarios del Museo Municipal de Ciencias Naturales de Miramar “Punta Hermengo”. La pieza tiene más de un metro y medio de largo y sería de un ejemplar adulto. El Notiomastodon llegó a Sudamérica junto con muchos otros animales de origen norteamericano como parte del Gran Intercambio Americano tras la formación del Istmo de Panamá, que conectó a ambos continentes durante el Plioceno . Los primeros registros en Sudamérica datan de principios del Pleistoceno, hace unos 2,5 millones de años. El Notiomastodon era uno de los animales más grandes de Sudamérica, junto con los perezosos terrestres gigantes. Fue uno de los últimos Gonfoterios, también conocidos como “Mastodontes”, una gran familia de Proboscideos, emparentados con los actuales elefantes y que se diferenciaban especialmente por la forma de sus molares. Su tamaño era similar al actual elefante indio, aunque se indica que era más robusto. Algunos estudios de huesos aislados en diferentes localidades y museos muestran que podía pesar unas 6 toneladas. Los enormes colmillos, o mejor dicho, “defensas”, tenían forma variable, desde ligeramente curvadas hacia adelante a casi rectas, la sección de las mismas era ovalada. Los molares indicaban que estaban adaptados a comer toda clase de vegetales, por eso se han encontrado sus restos en diversas regiones del continente. Su final llegó en el Holoceno temprano, en un contexto de cambios climáticos y la llegada de los primeros grupos humanos al continente. La caza y la transformación del ambiente fueron factores decisivos. Durante los últimos miles de años de su existencia, el Notiomastodon fue contemporáneo de los paleoindios , los primeros grupos humanos de cazadores-recolectores que llegaron a Sudamérica. El Notiomastodon desapareció simultáneamente con la mayoría de la megafauna (grandes animales) en América alrededor de la transición del Pleistoceno al Holoceno, como parte de las extinciones de la megafauna del Pleistoceno Tardío . Las causas exactas de estas extinciones son objeto de una larga controversia en la literatura científica, donde los investigadores sugieren que el cambio climático, la caza humana o una combinación de ambos son la causa probable de las extinciones. Se dataron algunos restos de hace poco más de 6000 años, lo que indicaría una supervivencia sorprendente comparada con la de otras especies de animales. Se han reportado varios sitios en América del Sur donde los restos de Notiomastodon muestran marcas de cortes asociados con artefactos humanos. Estos sitios abarcan desde Venezuela y Colombia y el este de Brasil hasta Chile, aunque la asociación con los humanos ha sido cuestionada en algunos de estos sitios. Un año antes de este hallazgo también fueron recuperados en el Paraje El Remanso de la localidad de Mar del Sud, varios restos (pelvis y fragmentos de mandíbula) de Notiomastodon que correspondían a tres ejemplares. Esto indicaría que posiblemente vivían en manadas y usarían los mismos sitios por generaciones. También existió otro animal similar, el Cuvieronius, un proboscideo cuyo hábitat natural era la zona cordillerana. Era más pequeño y sus colmillos estaban ligeramente torcidos de manera helicoidal. La historia del Notiomastodon es más que un relato paleontológico: es un recordatorio de cómo la desaparición de una especie puede alterar profundamente el equilibrio de la naturaleza. Hoy, cuando hablamos de conservación de la megafauna actual, el eco de este mastodonte nos advierte que proteger a los gigantes es proteger también el futuro de nuestros ecosistemas. Por: Museólogo Daniel Boh - Museo Punta Hermengo museomiramar@fundacionazara.org.ar

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