EL NUEVO DESORDEN INTERNACIONAL
Desde hace décadas, mas precisamente tres, parece haberse inaugurado una etapa diferente a todo lo que habíamos conocido. Si bien no podíamos hablar de una unipolaridad, ya que la tecnología nuclear había cambiado el escenario global para siempre, si era claro que la caída de la Unión Soviética dejaba a los Estados Unidos como un virtual vencedor y líder mundial. Pero mucho había cambiado a lo largo de la Guerra Fría: la emergencia de esos dos contrincantes no ocurría en el vacío, sino en el medio de una oleada de emergentes intentos por contrarrestar esa bipolaridad, que ponía ( y aún pone) en jaque al mundo. Un número creciente de países con capacidad y voluntad (y colaboración) lograron hacerse de la tecnología nuclear, en una carrera incesante y demencial, por lograr la “destrucción mutua asegurada”(en inglés MAD, loco en español, un juego de palabras que lo define todo) única estrategia capaz de evitar la debacle mundial. Eso engrosó el número de eventuales peligros a la seguridad mundial y obligó a establecer “reglas”. Esas reglas, que son para las naciones que no poseen la tecnología nuclear, fueron establecidas por quienes sí la poseen. Y no solo eso: entre estas reglas está la no proliferación de ese armamento. Es decir que se les prohíbe a los demás desarrollar esa industria, dándoles el derecho a algunos y quitándoselo a otros, de tener arsenales nucleares. Pero esto no ha impedido que algún que otro país “díscolo” haya desarrollado esta industria sin permiso.
Asimismo, con el paso de las décadas, lejos de terminarse los conflictos, estos aumentaron en cada parte del globo, proliferando conflictos de media y baja intensidad, dejando al descubierto no solo que no hay sistema mundial capaz de detener el conflicto, sino que cada sistema que sobreviene al anterior, en la actualidad la multipolaridad, se resuelve en la cúspide de la pirámide de poder, y no en la base. La base es tan solo el ámbito donde los grandes poderes pueden saciar sus ambiciones sobre áreas de influencia y recursos y, por qué no, sus desequilibrios económicos a través de la increíblemente lucrativa y motorizadora industria bélica. Vemos a diario surgir guerras en cada parte del globo, sin que nadie pierda el sueño por ponerles fin. Ya se ha visto como los Estados Unidos pasaron de ser acreedores del mundo gracias a la Segunda Guerra Mundial, y los préstamos otorgados a la Unión Soviética y Reino Unido y acabada aquella, incursionar en cuanta guerra fuera de su jurisdicción surgiera, logrando hacer de su economía una máquina imparable en base a su complejo militar-industrial.
Hoy asistimos a una nueva era. Hace uno pocos meses, los líderes de Estados Unidos y Rusia, dos de las tres potencias mas importantes del mundo se reunían en Alaska, desafiando a quienes sostienen una creciente enemistad entre ambas potencias. El gesto de Putin sobre la venta de Alaska a Estados Unidos hace mas de cincuenta años no solo es un guiño al actual interés de Estados Unidos sobre Groenlandia sino que, además, deja entrever la pertinencia de un artículo publicado hace días por Andrei Martyanov, un especialista ruso con fuertes vínculos con el ejército de ese país, en el que deja entrever no solo el estado actual de las relaciones internacionales entre ambos países, sino también la concepción global implícita en ella: el retorno de la doctrina Monroe (América para los americanos) y la renovación de las zonas de interés: Europa (incluido el Reino Unido ) para Rusia y Asia, Oceanía y el Levante, Israel incluido, para China. Una división con fuerte impronta geopolítica, con reminiscencias del pasado, pero sobre todo, con un futuro que está siendo escrito en estos momentos.
Por: Lic (Mg) Milena Barada



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