CONOZCAMOS AL DT ENRIQUE. PARTE 30
Uruguay se jugaba la clasificación contra Corea del Sur. Tenía que ganar porque lo demás no le servía. El partido era muy parejo, los dos tenían posibilidades, pero los arqueros o los palos evitaban la apertura del marcador. El Maestro Tabares, director técnico de Uruguay decidió a los 70 minutos de juego que entrara otro delantero y se decidió por Fonseca N°19. Iban pasando los minutos, las jugadas se sucedían en los dos arcos. Los Coreanos empezaron a hacer tiempo, el árbitro el Italiano Tulio Lanese se cansó y por demorar un saque de arco, expulsó, por doble amarilla, al N°4. Con diez jugadores, el equipo Coreano se quedaba cerca de su área, lo que aprovecho Uruguay para jugar muy cerca del área Coreana. En el minuto 90’, sacó el N°5 de Uruguay una falta, directamente al área y apareciendo por detrás de la defensa, Fonseca aplico un cabezazo con su frente y dejó sin chances al arquero asiático. Goooolll¡!! Gritaron todos los Uruguayos que estaban en el Estadio y todos los que estaban en su País y en el mundo. Gol que les valió la clasificación a los octavos de final.
Se definieron los octavos de final del mundial 90, Argentina, por clasificar como uno de los mejores terceros, le tocó jugar contra Brasil que fue primero-invicto en su grupo, mientras que, a Uruguay, por ser otro de los terceros clasificados, le tocaba jugar contra Italia, primero, invicto, con la valla invicta y anfitrión del Campeonato mundial. La tenía muy difícil la selección Uruguaya al igual que la Selección Argentina. Los otros partidos de octavos de final eran: Camerún vs. Colombia; Checoslovaquia vs. Costa Rica; Alemania vs. Países Bajos; Irlanda Vs. Rumania; España vs. Yugoslavia; Inglaterra vs. Bélgica.
El sábado 24 de junio de 1990, a las 12hs del mediodía de Argentina o Uruguay, se jugó el octavo de final en la Ciudad de Turín, en la Región de Piamonte, en el Estadio de los Alpes, entre las Selecciones de Argentina vs. Brasil. Enrique se acomodó en su sillón especial, la familia se ubicó en sus respectivos lugares y se prepararon para ver el partido por la televisión. Cuando tocaron los Himnos, primero fue el de Brasil, todos cantaban y se aplaudió al final. Mientras que cuando se ejecutó el Himno Argentino se empezaron a escuchar algunos silbidos de los hinchas Brasileños e Italianos y el silbido fue creciendo, entonces saltó Juancito, el hijo mayor: “¿Escuchan, che? Silban el Himno Argentino o ¿estoy equivocado?” “No, no…Tenés razón Juancito, tanto los hinchas brasileños como los italianos silban el Himno Argentino, no respetan nuestro Himno, que hijos de p... Ojalá le metamos 4 goles, a estos cretinos.”. Se quedaron todos enojados por la situación, pero como empezaba el partido, se callaron. Se sabía que Brasil venia jugando muy bien y que Argentina tenía muchas dificultades para elaborar un buen partido, pero confían en Diego, en Cani y en todos los muchachos. Durante los primeros 45 minutos, fue un monólogo de los jugadores Brasileños. El arquero Argentino contuvo varias pelotas con destino de red y otras dieron en alguno de los palos o en el travesaño. Enrique y los chicos no dejaban de sufrir, querían que termine el primer tiempo para ver si con una charla el Doctor Bilardo acomodaba al equipo.
Aprovecharon el entretiempo para comer un sándwich, tomar una gaseosa y calmar los nervios. Estando ya, más tranquilos, comenzó el segundo tiempo, otra vez los nervios y el silencio. Los primeros minutos del segundo tiempo, era igual al primer tiempo, los brasileños tenían la pelota y atacaban el arco de Goicoechea, pero a los 10 minutos, el Diego frenó la pelota y le puso un pase perfecto para Cani, quien, rápidamente, tocó para Calderón y su remate se fue alto por el travesaño. Era la primera llegada peligrosa de Argentina en el partido. Hubo aplausos de todos en la casa. “Ojalá sigamos así” dijo Enrique, pero no, siguió Brasil manejando la pelota, buscaba el primer gol, adelantaba a sus defensores por las bandas, para atacar con más jugadores. Esto llevó a Brasil a quedar con pocos defensores marcando en el fondo, le que empezó a darle a Argentina mayor posibilidad de ataque. Además, Argentina mejoró en su juego y todo se hizo más parejo. Cuando el reloj del partido marcaba el minuto 80’, Burru toco para Diego en el centro del campo, este arrancó en velocidad, dejó en el camino a Alemao y a Dunga, le salió a marcar Ricardo Gomes, quién lo quiso voltear, pero Diego aguantó de pie y vió que un “Ángel rubio” tiraba la diagonal, de derecha a izquierda, entonces alcanza a tocar la pelota con la punta de “su extraordinario” botín izquierdo y lo dejó solo frente al arquero Taffarel. Cani, “El Ángel rubio”, se hizo de la pelota y con un movimiento de cuerpo, abriéndose hacia la izquierda, dejó desparramado al arquero Brasileño, para patear de zurda al centro del arco que había quedado desguarnecido. ¡GOLAZO! Gritaron todos en la casa y se abrazaron fuerte. Esperaban que los 10 minutos que quedaban pasen lo más rápido posible. Enseguida el Doctor Bilardo metió un cambio para meter otro defensor y cuidar el resultado. Los brasileños empezaron a tirar centros al área de Argentina, olvidándose del buen juego desplegado hasta ese momento. Así tuvieron un par de oportunidades, pero erraron el tiro o se la atajó Goyco. Mientras, Argentina, tuvo un par de oportunidades porque Brasil quedaba expuesto de contragolpe. Fue el Pepe Basualdo quien corría solo con la pelota y fue derribado por el N°2 de Brasil, en el borde del área grande. Tiro libre para Argentina, ideal para Diego y expulsión para Ricardo Gomes, el N°2 de Brasil. Diego se hizo cargo de la falta y mandó la pelota por encima del travesaño. Siguió presionando Brasil y cuando el Árbitro Francés hizo sonar el silbato para dar por terminado el encuentro, la alegría apareció en todos los jugadores, cuerpo técnico y los hinchas Argentinos. Mientras que los jugadores Brasileños quedaron llorando y con mucha tristeza, desparramados por el campo de juego.
En medio de los festejos, vinieron todos los periodista, directamente, a reportear a Diego, le preguntaron cómo fue el partido, si estaba contento con el juego, hasta que un periodista le dijo que le decía a los hinchas Brasileños que estaban muy dolidos y miraban la cancha con lágrimas en los ojos sin entender porque habían perdido un partido que tuvieron montones de oportunidades para abrir el marcador y no pudieron hacerlo, Diego lo miro a ese periodista y a todos los periodistas y les dijo: “Los partidos hay que jugarlos, la pelota hay que meterla en el arco, los triunfos se festejan cuando suena el silbato final del Árbitro y las lágrimas, de quienes las lloran, las tienen bien merecidas porque en primer lugar, jamás se debe insultar a un país silbando su Himno y segundo nunca pero nunca cuando se ejecuta antes un partido, porque siempre hay revancha y este triunfo fue nuestra revancha. Ahora, que vayan a llorar en su país esos hijos de p… que silbaron nuestro Himno porque se quedaron afuera del Mundial”. Y se fue con una sonrisa de oreja a oreja. En casa de Helena y Enrique todo era felicidad, abrazos y más abrazos. Cuando bajaron los festejos, aparecieron los sándwiches y las gaseosas, eran como las 4 hs de la tarde y había que calmar el hambre, porque el próximo partido de octavos de final se jugaba en un ratito nomás.
El siguiente partido, era Alemania Federal vs. Países Bajos, los que jugaron un verdadero partidazo, con muchas situaciones de gol y pudieron concretar solamente tres porque el resultado fue favorable a Alemania Federal por 2 a 1 contra los Países Bajos.
Al día siguiente, cuando Enrique se pudo comunicar por teléfono con el Vasco Olarticoechea, se pudo enterar de cómo se sentía el plantel, el Cuerpo Técnico y todas las familias de los jugadores que andaban por Italia. Enrique al escuchar la voz del Vasco en el teléfono, le dice: “Vasquito querido. Felicitaciones. ¡Que felicidad que nos dieron!” “Hola, Miramar querido, que bueno escucharte. Se te extraña, amigo, pero estas con nosotros siempre, aunque no puedas estar presente.” Le responde el Vasco. “Gracias Vasquito, yo también los extraño, pero, contáme, que buen triunfo que metieron. ¿Deben estar muy felices? Y ni hablar de Carlos, ¿no?” responde Enrique. “Huy, no sabes cómo estaba el Narigón. Contento es poco, pero cuando volvimos al hotel, no paraba de hablar del partido y de todos los detalles que podía sacar para el próximo compromiso. Bueno, vos lo conoces muy bien y sabes cómo se pone con estos partidos tan difíciles.” Le confirma el Vasco. “Si, lo imagino. -le dice Enrique- Conociéndolo un poco, creo que en el entretiempo del partido. los debe haber cagado a pedos porque en el primer tiempo no embocaban un pase y se salvaron de no tener un par de goles en contra por los palos y por Goyco”. “Cállate, loco, no te imaginas lo que fue el entretiempo. Cuando llegamos al vestuario, cada uno fue a hacer lo que necesitaba, bueno, vos sabes.
Por: Juan Bermúdez - enjuber@hotmail.com



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