SILENCIO EN EL OCÉANO LAS BALLENAS AZULES CALLAN Y LA CIENCIA SE ALARMA

Cuando el hambre silencia la voz más profunda del planeta, algo grave está ocurriendo bajo las olas. Un estudio reciente (DOI 10371/journal.pone.0318624) revela que los cantos de las ballenas azules están disminuyendo en volumen y frecuencia. ¿Por qué este hecho es importante y preocupa? Su canto es clave para comunicarse y encontrar pareja a cientos de kilómetros. El cambio puede reflejar escasez de alimento, ruido industrial o alteraciones en el clima marino. Los investigadores lo ven como una señal temprana de estrés en el ecosistema oceánico: si las ballenas se callan podría ser síntoma de un desequilibrio profundo en la cadena alimentaria de los mares que compartimos. La ballena azul, Balaenoptera musculus para la ciencia según la clasificación de Linneo en 1758, es el mayor animal viviente, su cuerpo es largo, cilíndrico, en forma de huso como un largo tubo que se angosta suavemente hacia el final, rematado con una poderosa y amplia cola de extremos agudos. En el vientre tiene de 55 a 100 surcos que se extienden desde el borde inferior de la boca por la garganta y el pecho hasta el inicio de la zona ventral. Su coloración general es gris azulada variable entre individuos y con la edad. Un patrón también variable de manchas claras se extiende por todo el cuerpo. El lado inferior de las aletas pectorales es claro, casi blanco. Su hábitat son las aguas marítimas y oceánicas cálidas, templadas o frías, frecuentemente en torno a los bordes de las plataformas continentales, alejándose de las mismas en busca de corrientes cargadas de alimento o durante migraciones, o bien hacia aguas más someras ( intertropicales) para la época de cría, aunque también pueden criar en aguas profundas. Originalmente estuvo presente en todos los mares y océanos del mundo, pero actualmente ha desaparecido de vastas regiones. En el Hemisferio Norte existen básicamente dos poblaciones (Atlántico Norte y Pacífico Norte), en el Hemisferio Sur la encontramos en las aguas occidentales de Africa y los mares que rodean Sudamérica y Oceanía en época de cría migrando a los mares periantárticos durante el verano. En los últimos años se han avistado ejemplares con cierta frecuencia en aguas cercanas a las islas Georgias del Sur. Los varamientos conocidos para la Argentina son escasos, todos en la Provincia de Buenos Aires: una hembra de 17,8 metros Bahía Samborombón, y Miramar hembra de 28.5 metros. En Uruguay existe registro de dos varamientos y uno para Brasil (Río Grande do Sul). En cuanto a sus hábitos de vida, es una ballena normalmente solitaria, en parejas o tríos, aunque grupos mayores (medio centenar) se han registrado en aguas del Atlántico Norte ( EEUU), dado el repertorio y la frecuencia de los sonidos que producen (21-31kHz), se cree que pueden comunicarse a muchos kilómetros de distancia manteniendo una estructura social dispersa pero coordinada. Si bien se han registrado buceos a profundidades en torno a los quinientos metros y más, normalmente se sumergen cerca de la superficie. Mientras nada lentamente en superficie, lleva parte de la cabeza y el dorso expuestos. Al sumergirse verticalmente expone la cola fuera de la superficie como ninguna otra ballena lo hace. Su velocidad de crucero ronda los 22 km por hora, pero pueden superar los 48 km por hora. Se alimenta de pequeños crustáceos (kril y camarones) que obtiene navegando entre densos cardúmenes con la boca abierta durante unos cuantos segundos hasta que logra completar su muy dilatado espacio interior (expansión de surcos ventrales), posteriormente descarga el agua a través de las barbas (láminas elásticas de queratina) en el maxilar superior que filtran el alimento, son entre 600 y 800 barbas de color oscuro. El estado de conservación de la ballena azul es preocupante, sus poblaciones están disminuidas en un 95 por ciento por la caza comercial acaecida hasta la segunda mitad del siglo pasado, en su mayoría procedentes de aguas antárticas. A comienzos de los años sesenta, la Comisión Ballenera Internacional dictó la veda total de caza de la ballena azul, pero esta medida no se pudo poner en práctica hasta 1966. Si bien la mayoría de los informes sugieren que ya no existe más caza desde ese año, se siguió viendo que su carne era vendida para consumo humano en países asiáticos, especialmente Japón y Corea. La caza no sólo implicó muertes, sino también la disminución de su reproducción. El espacio que las ballenas dejaron vacante en la trama trófica fue ocupado por otros organismos consumidores de kril como focas cangrejeras, aves marinas y peces, lo que dificulta bastante en la actualidad su recuperación. Por: Bibiana Manfroni Bibliografía: Los Mamíferos de la Argentina y la Región Austral de Sudamérica. A. Parera. F. Erize. Editorial El Ateneo.

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