NOCHEVIEJA

El año nuevo no siempre comenzó el 1° de enero, su inicio era marcado por los cambios astronómicos o en la agricultura. El Akitu, la festividad de Año Nuevo, se celebraba en la Mesopotamia en el año 2.000 a.C., cuando sucedía la primera luna nueva después del equinoccio de primavera. Con el equinoccio de otoño, el 21 de septiembre, era el comienzo para los egipcios, fenicios y persas y con el solsticio de invierno, el 21 de diciembre, para los griegos. Numa Pompillo, segundo rey de Roma, incluyó entre sus reformas la del calendario romano y así quedó establecido que a partir del año 153 a.C. el día 1° de enero comenzaba el nuevo año, en lugar de en marzo. En el año 46 a.C., Julio César, luego de consultar a astrónomos y matemáticos, agrega 90 días al calendario creando el calendario juliano de 365 días, donde el 1° de enero era el primer día del año. Cuando cae el Imperio Romano, en el siglo V d.C., la cristiandad agrega fechas religiosas alterando el calendario. Un error en el cálculo de los años bisiestos que, al aumentarse a lo largo de los siglos provocó que hubiera acontecimientos que sucedían en estaciones incorrectas, hizo que el papa Gregorio XIII modificara el calendario en el año 1582, este llamado calendario Gregoriano también confirmaba el 1° de enero como el comienzo del Año Nuevo. Hoy en día por herencia religiosa, costumbres o mitos que nos llegan de nuestras familias, realizamos algunos rituales, algunos muy conocidos: Comer 12 uvas, una por cada campanada que anuncia el fin de año y pedir un deseo con cada una. Esta tradición, con siglos de antigüedad heredada de España, se practica también en Latinoamérica y Portugal, trae la esperanza y la buena suerte. En España también, hombres y mujeres suelen usar ropa interior roja para encontrar el amor y amarilla para la prosperidad. Una tradición bien argentina es regalarse entre mujeres una bombacha rosa en Navidad, que hay que estrenar en Nochevieja para la buena suerte. En México, para cumplir el sueño de viajar, se debe armar la valija como si se fuera de viaje, y salir a la calle después de las 12 horas. También en México, se barre hacia afuera de la casa para alejar la mala suerte. En Holanda acostumbran comer donas azucaradas, para recordar con la forma circular, que no hay ni principio ni fin, el tiempo es circular y el azúcar aleja las amarguras y trae la dulzura. En Rio de Janeiro para pedir favores a Lemanja, hay que entrar al mar y arrojar flores: blancas por la paz, rojas por el amor y amarillas por el dinero. En Perú, Honduras y Ecuador queman ropa, muebles y muñecos viejos que simboliza terminar con lo malo. En Colombia se quema un muñeco en el que se guardó un papel en donde se escribió lo que se desea alcanzar en la vida. Entre otras costumbres encontramos: Hacer una pisada bien fuerte con el pie derecho justo después de dar las 12 campanadas, para tener un año sin obstáculos. Vestirse de blanco, color de la pureza y la renovación que atrae nuevas energías. Encender velas, para agradecer y pedir: las amarillas para la abundancia, las rojas para el amor, las verdes la buena salud, las blancas la claridad mental y las naranjas la inteligencia creadora. El mismo brindis, es un ritual que surgió en el Imperio Romano, el choque debía ser bien enérgico, porque se debían derramar gotas en la copa con que se chocaba para garantizar que la bebida no estaba envenenada. Pero hoy en día, al chocar nuestras copas cuando brindamos en el primer instante del año que comienza, ese choque simboliza fraternidad y confianza en el otro. Fuente. Internet/ M.B. Fernández

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