EL EUCALYPTUS, UN ÁRBOL MUY NUESTRO, PERO DE LEJANO ORIGEN.
Estamos muy acostumbrados a verlos en plazas o grandes parques, pero su origen no es tan conocido. En nuestro vivero y bosque se han plantado casi desde el principio y además se realizaron pruebas para conocer su adaptabilidad a nuestro clima y suelo.
El eucalipto (género Eucalyptus) tiene su origen en Australia, incluyendo Tasmania y algunas islas cercanas. Es allí donde se encuentran la mayoría de sus más de 700 especies, aunque unas pocas también son nativas de zonas adyacentes como Nueva Guinea, Indonesia y Filipinas.
Es una dicotiledónea, lo que significa que:
Tiene dos cotiledones (hojas embrionarias) en la semilla. Sus hojas adultas presentan nervaduras ramificadas (no paralelas como en las monocotiledóneas). El crecimiento secundario (engrosamiento del tallo) es común, lo que permite formar madera. Las flores suelen tener partes en múltiplos de cuatro o cinco. El eucalipto pertenece a la familia Myrtaceae, junto con otras dicotiledóneas como el guayabo (Psidium), el arrayán (Luma) y el clavo de olor (Syzygium aromaticum) y su origen data de más de 50 millones de años.
La palabra eucalyptus proviene del griego eu (“bien”) y kalyptos (“cubierto”), en referencia a cómo sus flores están protegidas por una cápsula (los famosos carocitos). Aunque originario de Australia, el eucalipto fue introducido en muchas otras regiones del mundo por su rápido crecimiento y utilidad. Por ejemplo, en Etiopía se comenzó a plantar en 1895 para combatir la deforestación cerca de Addis Abeba. Se ha adaptado a diversos climas, desde pantanos hasta zonas áridas, y hoy se cultiva en países como Argentina, Chile, México, Colombia, Sudáfrica y varios países europeos.
El eucalipto puede alcanzar alturas impresionantes, dependiendo de la especie y las condiciones de crecimiento.
Eucalyptus regnans (eucalipto gigante): Es el árbol más alto de Australia y uno de los más altos del mundo. Puede superar los 100 metros, aunque hoy en día los ejemplares más grandes rondan los 80–90 metros.
Eucalyptus globulus (eucalipto común): Muy usado en Argentina, suele alcanzar entre 30 y 55 metros.
Eucalyptus camaldulensis (eucalipto rojo): Común en zonas ribereñas, llega a unos 20–45 metros.
Eucalyptus citriodora (eucalipto limón): Puede crecer hasta 35 metros, con un tronco recto y aromático.
Los tres últimos han sido plantados en nuestro vivero.
Los factores que influyen en su altura son: clima y suelo. disponibilidad de agua. espacio para crecer sin competencia, manejo forestal (poda, raleo).
Los usos más comunes son:
Producción de pulpa para papel.
Medicina natural (aceite esencial).
Combustible, postes, muebles.
Ornamental y como rompevientos.
Las semillas de eucalipto que Domingo Faustino Sarmiento introdujo en Argentina las obtuvo durante sus viajes por Europa entre 1845 y 1847. En ese recorrido —que incluyó países como Francia, España, Italia, Alemania e Inglaterra— conoció el Eucalyptus globulus, un árbol originario de Australia que había sido llevado a Europa para su estudio y cultivo.
Sarmiento, fascinado por sus propiedades sanitarias y su rápido crecimiento, decidió traer semillas al país como parte de su proyecto de forestación de la pampa. Las primeras fueron sembradas en estancias bonaerenses, como la estancia San Juan de Leonardo Pereyra Iraola en Quilmes, y también en San Fernando.
En ese momento, Buenos Aires sufría enfermedades como la fiebre amarilla y el paludismo. El eucalipto se consideraba una solución sanitaria por su capacidad de absorber agua y purificar el aire. Sarmiento promovió activamente la forestación con eucaliptos en plazas, escuelas, calles y campos de provincias como San Juan, Mendoza, Córdoba y Buenos Aires. En 1863 nacieron los primeros ejemplares en suelo argentino, y Sarmiento llegó a decir: “El eucaliptus será el árbol de Buenos Aires, el marido de la pampa que vivió viuda y solitaria”.
Por otra parte, el eucalipto puede ser perjudicial para otras especies vegetales, especialmente en ecosistemas donde se planta de forma intensiva o sin manejo adecuado. Los principales efectos negativos se deben a dos mecanismos:
Competencia por recursos
Agua y nutrientes: Los eucaliptos tienen raíces profundas y un alto consumo de agua, lo que puede secar el suelo y dificultar el crecimiento de otras plantas, especialmente en zonas áridas o con suelos pobres.
Alelopatía (inhibición química)
Sustancias tóxicas: Liberan compuestos como terpenos y polifenoles que inhiben la germinación y el desarrollo de otras especies vegetales cercanas.
Impacto en el sotobosque: En muchos “eucaliptales”, la vegetación del suelo es escasa o poco diversa debido a estos efectos químicos y a la sombra intensa que proyectan.
En monocultivos de eucalipto, la biodiversidad animal suele ser más baja que en bosques nativos. Sin embargo, si se manejan con corredores biológicos y sotobosque diverso, pueden albergar una fauna considerable.
Es interesante saber que estos árboles tienen hojas juveniles y adultas Las hojas juveniles de los eucaliptos se llaman hojas opuestas u hojas juveniles opuestas, y se diferencian claramente de las hojas adultas por su forma, disposición y textura.
Disposición opuesta: Crecen en pares enfrentados sobre el tallo, a diferencia de las hojas adultas que suelen ser alternas. Son más redondeadas u ovaladas, mientras que las adultas son alargadas y lanceoladas. Suelen ser más suaves, cerosas y a veces más azuladas o grisáceas, como en Eucalyptus globulus. Las hojas juveniles son tan distintas que se usan en floristería por su aroma y estética. De hecho, el aceite esencial se extrae principalmente de estas hojas jóvenes. Las hojas adultas del eucalipto se denominan hojas lanceoladas o falciformes, según la especie. Las Lanceoladas tienen forma de lanza, alargadas y estrechas, con punta aguda. Es la forma más común en especies como Eucalyptus globulus. En cambio, las Falciformes son curvadas como una hoz o media luna, típicas de especies como Eucalyptus camaldulensis. Finalmente son alternas, es decir que a diferencia de las hojas juveniles (que son opuestas), las adultas se disponen de forma alterna sobre el tallo. La corteza del tronco es del tipo exfoliante, o sea que se desprende en láminas, tiras o escamas, a menudo de forma irregular. Puede tener aspecto fibroso, rugoso o liso, según la especie. En algunas la corteza se desprende anualmente, dejando el tronco con colores claros y brillantes.
Como dijimos al principio, es un árbol que consideramos muy nuestro, pero tal como ocurrió con muchas otras especies, tiene un origen lejano y contribuyeron a cambiar nuestro paisaje para siempre.
Por: Museólogo Daniel Boh - Museo Punta Hermengo
museomiramar@fundacionazara.org.ar



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