DAVOS Y LOS LÍMITES DEL DISCURSO

Desde hace ya décadas, Davos, la ciudad suiza, viene siendo el blanco de todas las miradas en lo que a política internacional se refiere. Es que allí se lleva adelante el Foro Económico Mundial, que cada año reúne a líderes, economistas, empresarios y gurúes económicos en un encuentro que se plantea como el gran escenario de debate de los problemas mundiales. Fue en 1971 que se nació esta organización internacional no gubernamental , como una instancia de cooperación entre lo público y lo privado, al calor de los fuertes debates políticos, y sobre todo económicos surgidos del conflicto entre los Estados Unidos y la Unión Soviética (la llamada Guerra Fría) y muchas de las consecuencias de ese enfrentamiento, sobre todo las vinculadas al medio ambiente, salud y pobreza. Con el correr de los años, el Foro se fue dotando asimismo de instancias de trabajo que le han dado no solo permanencia sino también la continuidad necesaria para convertirse en un actor a tener en cuenta en los asuntos mundiales. Además de las instancias de debate, que poco a poco fueron convirtiendo el Foro en un punto de reunión obligado para las élites políticas, empresariales y corporativas, para discutir los dilemas mundiales de cada año, los informes a que da lugar se han convertido en una suerte de voz autorizada sobre cuáles son los problemas del mundo (y cuáles no) y el abordaje para resolverlos. Asimismo, el Foro da lugar a Asambleas regionales durante el año, lo que permite el trabajo continuo, de cara a la reunión anual en Davos. Paralelamente, el Foro posee oficinas en Pekín y Nueva York, lo cual permite inferir la importancia que la organización otorga a ambos países, ya que ambas fueron abiertas luego del año 2000 (mas específicamente, en el 2006). Sin dudas, esto se suma a las críticas y pone en tela de juicio no solo su identidad como organización sin fines de lucro, sino también la idea de su financiación, ya que la organización se financia mediante las contribuciones de unas mil empresas miembros, las cuales como condición de membresía deben contar con mas de cinco mil millones de dólares de facturación (que puede variar por industria y por región) lo que nos permite inferir que el proceso de toma de decisiones, por la propia composición del Directorio, está, cuanto menos, sesgado. Aún abonando la hipótesis de que las empresas de estas características exceden los límites geográficos (y económicos) de su país de origen, no podemos soslayar el hecho de que juegan un rol de liderazgo a nivel nacional, y determinan en gran medida, lo que el Foro establece como lineamientos a seguir. Su poderío económico permite que hagan escuchar su voz mucho mas que los expertos o los analistas, todos los cuales son parte componente de la Junta Directiva de la organización (así como también lo son personalidades académicas, de la sociedad civil e intelectuales) que acompaña el proceso de debates y tomas de posición. Sin dudas, el sesgo mas fuerte de esta organización, así como el de otras organizaciones internacionales con pretensiones de abogar por un mundo en mejor situación, tales como el Banco Mundial , la Organización Mundial del Comercio y el Fondo Monetario Internacional, cada una con sus objetivos y medios particulares, es el hecho de estar nacidas y criadas por y para el capitalismo y ser protagonistas de la globalización económica, cuyas consecuencias mas notables, según sus detractores (que son múltiples y variados) han sido el incremento de las desigualdades y la pobreza. De ahí que no han cesado, en los últimos años, las manifestaciones en contra del Foro, acrecentando no solo su fama sino que también anticipando los temas y debates. Y haciendo que sea cada vez mayor el interés del mundo en lo que allí se plantea. Es entonces comprensible el por qué el mundo está observando lo que ocurre cada año en Davos. Y hoy, con la llegada de Trump al poder en los Estados Unidos, las múltiples zonas de conflicto mundial y la IA como grandes protagonistas de debates, se dejarán sentadas las bases para años venideros colmados de inquietudes. Por: Lic. (Mg) Milena Barada

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