DOS VALVAS UNIDAS PARA LA VIDA: LOS BIVALVOS
Los bivalvos constituyen uno de los grupos de moluscos más conocidos que podemos encontrar en las playas. El desarrollo de dos valvas unidas por una charnela (bisagra) ha sido un exitoso modelo evolutivo aún en plena vigencia.
Los primeros moluscos bivalvos surgieron en el mar hace cerca de 620 millones de años. Las ostras fósiles no debieron ser muy diferentes a las que hoy la gente puede degustar en una cazuela en tiempos de vacaciones playeras.
Entre 544 y 515 millones de años atrás los mares del mundo habrían tenido un notable aumento en sus concentraciones de calcio. Esto habría determinado que los organismos marinos de cuerpo blando generen valvas duras u otras partes del cuerpo con minerales de calcio evitando que estos se concentren en tejidos en niveles peligrosos, es decir que las valvas representaron una especie de desecho duro. El carbonato de calcio es el componente principal de las valvas marinas, estas estructuras hoy funcionan como defensa.
Hay un total en el planeta de más de 8000 especies de bivalvos conocidas, en su mayoría de habitantes de fondos marinos y de estuarios. Las valvas tienen diversidad de formas, tamaños, superficies, esculturas y colores. En la especie más pequeña alcanzan apenas 2 milímetros de diámetro mientras que las valvas más grandes del mundo tienen 1,3 metros de diámetro, es la almeja “ tridacna gigas” del Atlántico Norte.
En cuanto a sus hábitos, muchos bivalvos viven enterrados en fondos blandos, otros se fijan a fondos rocosos con la ayuda de filamentos, algunos se cementan a otras valvas o a rocas y también hay especies con cierta capacidad para desplazarse.
Su método para ingerir comida es variable: algunos filtran alimento en suspensión y otros filtran sedimentos del fondo, donde hay oleaje y corrientes fuertes el aporte de comida a filtrar suele ser mayor y el lavado de los excrementos se hace en forma más veloz. Suelen orientar sus valvas para aumentar la estabilidad, acceder mejor a la comida o liberar sus desechos.
Los bivalvos con filamentos para fijarse suelen vivir en zonas rocosas bajo la acción de olas y corrientes de ímpetu variable. Sus valvas suelen ser elongadas y similares entre sí. El mejillón y el mejillín son buenos ejemplos. Los que viven cementados requieren un fondo duro para fijarse, tienen valvas gruesas de forma irregular y diferentes entre sí, como las ostras. Entre los bivalvos que se desplazan en el agua, las valvas son más bien finas corrugadas y simétricas, como la vieyra.
Las especies que se entierran viven en fondos de arena o fango. En su mayoría son pequeñas, con valvas lisas, no simétricas y con poca o ninguna ornamentación, como almejas y berberechos. Las navajas tienen un pie que les da rápida capacidad para enterrarse.
Diversos caracoles, estrellas de mar, cangrejos, peces y aves comen bivalvos, en general comen los juveniles porque son más pequeños y con valvas más delgadas, por lo tanto su vulnerabilidad es mayor. Si crecen rápido pueden llegar a tamaños que de por sí representan un refugio. Los bivalvos casi siempre son dominantes entre las formas de vida costera que está a nuestro alcance observar: En nuestras costas encontramos con frecuencia a la almeja amarilla en playas de arena, berberecho en la intermareal arenosa, el mejillón en las costas rocosas y más al sur.
La almeja amarilla padeció y padece aún varias situaciones peligrosas, motivo por el cual desde hace años está prohibida su captura y sigue siendo monitoreada por investigadores. A partir de 1940 se la extrajo en grandes volúmenes para comercializarla al punto que llegaron a extraerla con topadoras. En 1953 ocupó el segundo lugar en molusco de mayor explotación comercial del país, sólo superada por el mejillón. Los datos de 1989 dieron un alerta general: la especie había disminuido en toda la provincia de Buenos Aires excepto en el Partido de la Costa donde se registró leve aumento. Durante 1995 hubo una mortandad masiva de la especie en casi toda la costa bonaerense salvo un banco en la zona de la Bahía San Blas. La hipótesis más aceptada sostiene que algún agente patógeno actuó sobre poblaciones de almejas más vulnerables por haber sufrido extracción excesiva y por la transformación de su hábitat de playa para el turismo. Al quedar tan poca población de almejas amarillas y en su mayoría pequeñas, desde 1996 rige en nuestras costas una veda total, a partir de 1999 los muestreos comenzaron a brindar datos alentadores y hoy se considera que la especie está en leve recuperación en el Partido de la Costa, sin embargo la falta de educación, la permisividad y la ausencia de sentido común obran en contra del medio natural poniéndolo en peligro: La captura furtiva, la suma de camionetas, autos, motos y cuatriciclos que increíblemente se permite que circulen cada verano por las playas (cosa impensable en ningún país desarrollado) llegan a convertir en papilla a millares de almejas juveniles que quedan aplastadas en la arena.
Una vez más, de nosotros depende la continuidad de la cadena alimentaria de cada especie, cuya extinción no nos exime de tener serios problemas en nuestra propia supervivencia.
Por: Bibiana Manfroni
Bibliografia: La Costa de Buenos Aires,Las Leyes del Mar. Santiago G. de la Vega.
Los que se van, Especies Argentinas en Peligro. Juan Carlos Chebez



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