HELICONISA: BELLA, CERCANA Y DESCONOCIDA
Cada año miles de turistas arriban a las playas atlánticas. Pese a su tiempo libre, no suelen detenerse a observar los últimos refugios del paisaje original donde se repiten desde hace siglos diversos ciclos de vida. Uno de ellos lo protagoniza una sorprendente y extraña mariposa: la heliconisa.
Durante los meses de febrero y marzo se la puede contemplar en Mar del Plata y alrededores donde es bastante común pese a ser una especie considerada “rara” en el país. Sus grandes alas color miel y desprovistas de escamas, junto con su vuelo sin detenerse y a baja altura en horas de pleno sol, hacen que no pase inadvertida para el ojo observador. Sin dudas muchas personas saben de su existencia y en algunos sitios donde es abundante, se la conoce como “la mariposa transparente”, lo que pocos saben es que estos avistajes corresponden sólo a individuos machos, las hembras en cambio, no vuelan con frecuencia y es muy difícil poder verlas, además son muy diferentes del macho, son de un color óxido y sus alas más estrechas cubiertas con escamas, no son transparentes.
Una polilla muy singular:
En realidad la heliconisa es miembro de una familia de mariposas nocturnas, es decir que se trata de una polilla- las mariposas nocturnas tienen algunas diferencias con las diurnas y se las llama polillas- pero heliconisa es de las pocas polillas que prefieren la luz del sol. Los machos, incapaces de alimentarse por la atrofia de su aparato bucal consagran su fugaz existencia a la búsqueda desenfrenada de pareja para reproducirse y localizar la planta que proveerá de sustento y protección a su descendencia.
Un hogar populoso:
Hace tiempo se realizó una investigación en la provincia de Buenos Aires, en un área comprendida entre los partidos de Mar Chiquita, General Pueyrredón, Balcarce, General Alvarado y Necochea que permitió identificar cuál es la planta nutricia de este enigmático ser llamado heliconisa y se aportaron además novedosos datos biológicos. Se vio que las larvas comen exclusivamente hojas de gramíneas nativas, principalmente de cortadera, también llamada “cola de zorro”( Cortaderia selloana para la ciencia), planta donde se observó todo el desarrollo del ciclo de vida de este insecto. Esta planta es una gramínea perenne cuyas estrechas y filosas hojas han dado origen a su nombre más popular. Por su gran tamaño y bellísimo aspecto es cultivada en muchas partes del mundo. Incluso se ha naturalizado en algunos sitios como en Nueva Zelanda donde se la conoce como “pampas – grass, es la cortadera originaria de la región del Plata, cubre extensas áreas formando parte de sus prístinas comunidades vegetales. Ofrece además refugio y alimento a muchas otras especies animales como arácnidos, una infinidad de insectos y pequeños vertebrados entre los que se cuentan ranas, ratones, cuises y aves.
Develando su biología:
A fines de marzo el verano termina y con él termina la heliconisa, luego de haber invertido casi toda su energía en la misión de perpetuar la especie, estas mariposas son arrojadas al mar por el fuerte viento costero, luego el oleaje las devuelve a la playa donde se podrán ver decenas de ellas sin vida sobre la arena. El cortaderal alberga la esperanza de un nuevo ciclo porque las hembras poco antes de morir dejaron huevos adheridos en racimos a las hojas secas de las plantas, los huevos son de color blanco y tienen una longitud que ronda los 2,5 milímetros. En el otoño, después de un mes se produce el nacimiento de las larvas, avanzada la primavera y luego de haber soportado las inclemencias del largo invierno, las larvas aumentaron más de diez veces su tamaño y completaron su desarrollo, algunas miden más de ocho centímetros de largo, de color pardo grisáceo con una estrecha banda blanca a ambos lados del cuerpo, tienen varias hileras de ramificados pelos urticantes que al ser tocados provocan dolor y hasta ampollas semejantes a las de una quemadura. Es en ese momento cuando inician la construcción de un capullo rudimentario pero fuerte entre las hojas secas del interior de la mata, allí se produce la metamorfosis o transformación y al fin del verano nacerán espléndidas mariposas de diez centímetros de envergadura (medida de un extremo al otro de las alas). En ese momento ambos sexos se comportan de distinta manera, mientras los machos emprenden raudamente su vuelo, las hembras permanecen en reposo ocultas cerca de la mata que las vio emerger con sus hinchados abdómenes repletos de huevos, a la espera de algún compañero masculino que las fecunde. Una hembra de heliconisa puede poner más de trescientos huevos durante su vida y no vuelan antes de expulsarlos, seguramente por el peso de tan valiosa carga, sólo en ocasiones se las ve desplazarse por el pastizal en cortos vuelos rasantes.
La química del amor:
¿Cómo logran los machos en pleno vuelo hallar a sus tímidas hembras que yacen inmóviles y ocultas entre tan enmarañada vegetación? La respuesta está dada en una delicada diferencia de su anatomía: las antenas.
Mientras que en las hembras las antenas son delgadas y puntiagudas como hilos, las de los machos son amplias y plumosas con aspecto de fronda de helecho. En estas estructuras se desarrolla el sentido del olfato gracias al cual los machos localizan a su pareja mediante señales químicas, prescindiendo de la vista. Estas atractivas sustancias liberadas por las hembras, conocidas como feromonas son compuestos volátiles a los cuales los insectos responden increíblemente desde varios kilómetros.
Salvemos la belleza autóctona:
Si bien la provincia de Buenos Aires se caracteriza por ser el área de la república con mayor grado de modificación ambiental por causas humanas, es posible todavía encontrar sitios en condiciones semejantes a las originales, pero lamentablemente la integridad de estos sitios se ve amenazada por actividades humanas desaprensivas que dada la falta de información y de controles adecuados corren el riesgo de desaparecer en un futuro cercano. De hecho, son muy frecuentes los incendios intencionales en los pastizales, otra causa es la erosión ocasionada por ciertas actividades recreativas que utilizan vehículos todo terreno que al transitar por circuitos improvisados en los médanos costeros arrasan con estos frágiles ambientes. Tan graves como estas causas son las tareas de parquización que van reemplazando poco a poco la flora nativa por especies exóticas con el falso criterio de que son portadoras de mayor belleza: así hoy uno puede pasear por un bosque de exóticos pinos, acacias o eucaliptos, o transitar por un corredor de palmeras tropicales en donde ayer dominaba el pastizal pampeano. Pero no todo está perdido porque en la zona se han creado áreas protegidas como la de Mar Chiquita y la del área contigua al pueblo de Mar del Plata entre otras donde es posible apreciar el cortaderal en todo su esplendor, pero su protección depende del compromiso y la responsabilidad que todos asumamos para que las generaciones venideras puedan seguir disfrutando de las heliconisas en vuelo y no sólo a través de especimenes muertos y deslucidos de algún museo.
Como la heliconisa, muchos otros elementos de nuestra fauna autóctona encuentran su refugio en los cortaderales y pastizales costeros de la provincia de Buenos Aires. Es nuestra responsabilidad exigir a las autoridades que arbitren los medios para su conservación.
Bibliografía: Revista “Vida Silvestre” Nº 89 “ El Santuario de la Heliconisa” Juan L. Farina.
Plantas de la Costa.H. Lahitte- J. Hurrell y otros. Editorial L.O.L.A.
Por: Bibiana Manfroni



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