LA DIVISIÓN BLINDADA: QUIRQUINCHOS, MULITAS Y PICHICIEGOS
De apariencia medieval y hábitos subterráneos, los armadillos constituyen uno de los grupos más asombrosos del reino animal. Entre sus miembros hay verdaderos fósiles vivientes.
Para los conquistadores españoles, la fauna americana no era más que “ una variación de las formas del Viejo Mundo debida al clima”, la explicación evitaba el engorro de un revisionismo bíblico: “ Noé se había limitado a salvar del diluvio a los animales del Viejo Mundo, algunos de ellos emigraron al nuevo continente donde se adaptaron a su entorno”, así el león se transformó en puma, la pantera en yaguareté, el corzo en ciervo pampeano y el cocodrilo en yacaré, sin embargo hubo criaturas irreductibles como es el caso del armadillo o mulita grande que es uno de los veinte mamíferos con armadura con que contamos en nuestro continente. Casi todos lucen blindajes en cabeza, patas y cola, pero la principal defensa contra garras y dientes es un caparazón de placas óseas dispuestas por lo general en bandas o fajas transversales. Las del medio- en número variable- tienen el don de la movilidad, lo que permite a los armadillos enroscarse sobre sí mismos. El mataco o quirquincho bola ha llevado esta habilidad al límite: se convierte en una invulnerable pelota ante el menor indicio de peligro. Bajo el casquete asoman uñas de cavador que tienen varios usos: abrir las cuevas y túneles que les sirven de viviendas. Remover el suelo en busca de comida y también para escapar. Por suerte, cada vez se los sale a cazar con menos frecuencia, tal vez por la prohibición de cacería de fauna silvestre, tal vez porque se va comprendiendo que los animales también tienen derecho a vivir, pero en otros tiempos los paisanos aconsejaban no darles oportunidad de enterrarse y menos aún de meter pie en la madriguera aunque más no sea unos milímetros. Cuenta el célebre naturalista Guillermo Enrique Hudson en su obra “Allá lejos y hace tiempo” que cuando era niño, cierta vez vio salir de la tierra a un armadillo, decidido a capturarlo lo agarró de la cola con las dos manos y comenzó a tironear antes que se termine de sepultar, su relato dice textualmente: “ No lo pude mover, siguió cavando con furia entrando más y más profundamente en la tierra, pronto me di cuenta que en lugar de sacarlo, él estaba arrastrándome a mí detrás de sí ”.
No resulta fácil asomarse a la vida íntima de los armadillos porque de día, por lo general permanecen en sus refugios subterráneos, de noche cuando salen a buscar alimento, los oculta la oscuridad, esto hace que muchos aspectos de su existencia resulten todavía un enigma. Un detalle curioso es que tienen piezas dentarias en abundancia, el “tatú carreta” cuenta con más de cien revistando entre los mamíferos de boca mejor dotada.
La fauna argentina cuenta con quince especies de armadillos, el más pequeño es el “pichi ciego menor”- una exclusividad nacional- que no sobrepasa los 18 centímetros de longitud incluyendo la cola. En el otro extremo encontramos al tatú carreta que con su metro y medio de largo y sus 60 kilos de peso se consagra sobradamente como el mayor armadillo viviente. Félix de Azara señaló en su obra “ Viajes por la América Meridional” que era un animal tan fuerte y robusto que llevaba cómodamente a un hombre montado encima.
El armadillo capaz de conquistar mayor cantidad de territorio es la llamada “mulita grande” o tatú- hú. Le dicen mulita porque sus orejas alargadas se asemejan a las de una mula. Los dominios de esta mulita grande abarcan desde Uruguay y el centro de Argentina hasta el sudeste de Estados Unidos, sin embargo no se da por contenta y al parecer está empeñada en reconquistar el espacio que sus antepasados ocuparon alguna remota vez en tierras del poderoso país del norte…y no le va nada mal ya que en 1854 pasó desde México hasta el sur de Texas, estado que la adoptó como mascota, hoy se la encuentra tan al norte como en Kansas y Missouri y tan al este como Florida donde sus tropas de avanzada unieron fuerzas con una población de armadillos de nueve bandas introducida por el hombre ( unos 10000 individuos descendientes del prolífico grupito que burló el cautiverio hace poco más de 70 años).
La expansión no fue sencilla e implicó toda una hazaña: Tuvieron que cruzar el río Mississippi a principios de la década de 1940. Se sabe que las mulitas cruzan los cursos de agua sólo de dos maneras: caminando por el fondo confiadas en su capacidad de retener aire durante varios minutos, o inflando estómago e intestinos para flotar a pesar de su pesada armadura, pero estas técnicas no parecen ser eficaces cuando se trata de atravesar un río tan ancho, profundo y caudaloso…lo más probable es que hayan alcanzado la otra orilla sobre un tronco a la deriva o como polizones de algún ferry. Sea como fuere, el gran cruce despertó la admiración hacia los armadillos, pero el estrellato le llegaría en 1971 de la mano de un descubrimiento sensacional para la ciencia, no así para los armadillos: se supo que pueden enfermar de lepra, enfermedad que aflige a millones de personas casi todas habitantes de países en desarrollo, así muchos armadillos se convirtieron en animales de laboratorio para cultivar bacilos del mal y ensayar su cura ( Quiera Dios que llegue pronto el día en que la ciencia investigue de tal forma de no hacer pagar a los animales con su dolor y sus vidas el bienestar de la especie humana, hecho por demás injusto).
Al margen de esto, al estar más cerca de los armadillos en laboratorio saltaron a la luz datos como que la mulita grande y sus congéneres son los únicos mamíferos que rutinariamente dan a luz cuatrillizos derivados de un único óvulo, comparten el mismo sexo y un idéntico set de genes, son tan idénticos que ni siquiera la madre consigue identificarlos. Sus dientes, a pesar de su número son inútiles para la masticación por lo que la dieta se restringe a alimentos relativamente blandos ( huevos, bichitos, frutos, raíces, hongos, etc.), también se sabe que hay especies de armadillos que comen carroña, convirtiéndose en este caso en saneadores del ambiente al consumir carne en descomposición, así como los que se alimentan de insectos son eficientes plaguicidas naturales.
Al margen de esto, al estar más cerca de los armadillos en laboratorio saltaron a la luz datos como que la mulita grande y sus congéneres son los únicos mamíferos que rutinariamente dan a luz cuatrillizos derivados de un único óvulo, comparten el mismo sexo y un idéntico set de genes, son tan idénticos que ni siquiera la madre consigue identificarlos. Sus dientes, a pesar de su número son inútiles para la masticación por lo que la dieta se restringe a alimentos relativamente blandos ( huevos, bichitos, frutos, raíces, hongos, etc.), también se sabe que hay especies de armadillos que comen carroña, convirtiéndose en este caso en saneadores del ambiente al consumir carne en descomposición, así como los que se alimentan de insectos son eficientes plaguicidas naturales.
La necrofagia también figura entre los hábitos del tatú carreta, el ya citado Félix de Azara comenta lo siguiente: “… En el país en que se encuentran estos armadillos, es necesario enterrar a los muertos en fosas muy profundas y provistas de grandes troncos de árboles como defensa, sin lo cual los desentierran y los devoran”. Este hábito no impidió sin embargo, que los conquistadores españoles se hicieran panzadas con el tatú gigante, al que juzgaban de sabor superior al cabrito.
Pero el hombre no se ha conformado en incorporar al tatú sólo en el terreno gastronómico, así en Perú, Bolivia y nuestro Noroeste, los “luthiers” nativos aprovecharon el carapacho ( caparazón) de los quirquinchos para fabricar la caja de resonancia del charango que comenzó imitando a las pequeñas mandolas traídas de España y terminó siendo tan americano como el siku o la quena. Los caparazones de acuerdo al tamaño también sirvieron de cunas, platos, costureros y valijas ( los indios del Chaco guardaban en ellas la sal y los tehuelches los polvos minerales usados para obtener pinturas). Con la cola de quirquincho los mocobíes hicieron las bocinas de sus cornetas y los criollos, mangos de facón y yesqueros. La grasa de armadillo aún se receta en algunas regiones para aliviar afecciones musculares y articulares. Con sus huesos molidos se tratan cálculos renales. Y según dicen algunos en Corrientes…no hay nada mejor que infusiones de uñas de tatú para corregir a un marido “arisco y salidor”: se cuenta que la mujer debe suministrársela durante tres viernes seguidos disimuladas en la sopa, el mate o cualquier bebida...
Sin embargo, estos aportes empalidecen ante su dimensión mítica y literaria, los textos sagrados de los mbyá- guaraníes señalan a los armadillos como los primeros en remover la tierra en la morada terrenal de nuestro Padre. Según los matacos del Chaco, el armadillo se quitó la cola – que tiene cierta semejanza con el choclo- y la hincó en la tierra; al tiempo creció la primera planta de maíz ( según ejemplifica el antropólogo Miguel Ángel Palermo). En el Noroeste se lo considera “ soldado de la Pachamama” o Madre Tierra y son muchos los relatos – tanto indígenas como criollos- que lo tienen por protagonista. Sin embargo la realidad no copia a la ficción. Una caza que aún sigue siendo un flagelo no sólo para los armadillos y sobre todo, las transformaciones ambientales desatadas por la expansión urbana y agropecuaria han mermado las poblaciones de armadillos a lo largo y ancho de América. Esto empujó a especies naturalmente raras como el tatú carreta y los pichiciegos hacia una situación preocupante. Sus blindajes pueden resistir uñas y dientes de predadores salvajes, pero no pueden con la insensatez humana.
Por: Bibiana Manfroni
Bibliografía: Fauna Argentina. Dramas y prodigios del bicherío. Roberto Rainer Cinti. Editorial Emecé.
Los Mamíferos de la Argentina. Aníbal Parera. Francisco Erize. Editorial El Ateneo.
Los Mamíferos de la Argentina. Aníbal Parera. Francisco Erize. Editorial El Ateneo.



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